10 sept. 2010

Un día en Beijing - China en chino - Parte XVII

Beijing tiene ojos más rasgados que Shanghai. Si le sacamos la Torre de TV, Shanghai podría estar en Europa. Bueno, incluso con la Torre. Berlín tiene una parecida. Menos psicodélica.

En Beijing no quiero gastar más plata. Ya gasté mucho en Asia. Más de lo que quería. Tengo un presupuesto diario mínimo y no sé si llego. Todo depende del valor de las entradas. Y acá te cobran entrada hasta para caminar por un parque. Aunque tranquilamente puedo dejar de hacer TODO. Salvo la Muralla. A Badaling voy. Voy en transporte público para ahorrar plata y para ahorrarme un tour LLENO de CHINOS.

En Beijing hay semáforos en todas las esquinas. Pero cuando el semáforo se pone rojo y el hombrecito verde, los autos que quieren paran y los que no quieren siguen viaje. ¿Por qué? ¿Por qué carajo?!? Ah! ¿Será otra estrategia para reducir la tasa de natalidad? Un chinito por pareja y unos cuantos menos si a los padres los pisa un auto antes de alcanzar la edad reproductiva. Qué inteligentes estos chinos!

En Beijing hay gente que recoje la basura. Andan en bicicleta o moto con unas pinzas ENORMES y levantan pedacitos CHIQUITITOS de papel o basura que hay en las calles. Qué personajes!

En Beijing los nombres de las calles cambian cada 5 cuadras. Es una locura.

En Beijing hay callejones chinos, bien chinos, por todos lados.

En Beijing están arreglando la ciudad entera. Está llena de hombres trabajando. Está llena de materiales, polvo y escombros.

En Beijing los chinos hacen tai chi por la mañana y bailan en los parques y plazoletas por las tardes y noches. Eso me gusta. A los chinos no les preocupan las apariencias. Parecen auténticos. Siempre. Eso me gusta.

En Beijing la comida es distinta. Y no me gusta. En Beijing la comida es picante. Y no me gusta.

En Beijing no me quieren cambiar los Dongs vietnamitas. En el Bank of China los miran casi con desprecio.

En Beijing no tengo acceso a internet sin enloquecer en el intento. Hasta que dejo de intentarlo, claro. Sí, me doy por vencida otra vez. Y me quedo sin compañía virtual.

En Beijing TODAS mis compañeras de habitación roncan o hacen sonidos raros mientras duermen. Sí, sí. Todas. ¿Por qué?!?

En Beijing tengo que averiguar cómo llego a mi avión. Hay un sólo aeropuerto internacional. Dos terminales. Y mi ticket de eDreams no dice que terminal me toca. Pregunto en la recepción, quizás los vuelos de Air China salen todos de una terminal. No saben. Qué raro! Pero lo más raro es que la chinita intenta ayudarme. In-cre-í-ble. Levanta un teléfono para llamar a Air China PARA AYUDARME. No, es mucho. NO LO PUEDO CREER. No puede comunicarse. Termina diciéndome que llame a Air China para preguntar. Bueh, al menos lo intentó. Más tarde busco en internet y efectivamente, los vuelos de Air China salen de la Terminal 3. Y lo confirmo cuando recuerdo que eDreams me envió el ticket electrónico otra vez hace poco. Terminal 3.

En Beijing no tengo más bolsas y las que tengo en uso están rotas. TODAS.

En Beijing corto dos tiras de mi mochila para conseguir dos ganchos. Tengo que reemplazar a los dos ganchos principales que se rompieron exactamente de la misma manera - perdieron el diente izquierdo - en Shanghai. Mi mochila no quiere más! Pero ya falta poco. Ya llegamos. Ella se queda en Barcelona. Yo todavía no sé...

En Beijing no hay tanta humedad. No hace tanto calor. Si tengo que elegir entre Hong Kong, Shanghai y Beijing para esperar el vuelo CA3061 me quedo con Beijing. Sí, en Beijing no estoy pegajosa.

Los primeros días en Beijing escucho música. Mucho. Me encierro en mi reproductor para que el tiempo pase rápido.

Los primeros días en Beijing camino. Camino mucho para que el tiempo pase rápido. Para que llegue el día de mi vuelo. Para que llegue el miércoles. Y cada vez que camino me dicen que es MUY LEJOS, que me tome un bus, que me tome el metro. ¿Para qué? ¿Para ahorrar tiempo? Si tiempo es lo que me sobra... Y cada vez que vuelvo al hostal con los pies negros, bien negros después de patear por toda la ciudad siento que me caen gotas. ¿Serán los árboles que transpiran? ¿O será que los árboles chinos también escupen?

Los primeros días en Beijing me doy cuenta de que estoy MUY SOLA en China. Y de que no dejo que se me acerquen. No sé. Tengo momentos en los que me cuesta mucho resignar mi campañía por cualquier compañía. Y es cierto que en China no exploro mucho. Pero siempre tengo la sensación, salvo en Dali, de que estoy rodeada de cualquier compañía. Aunque no creo que sea cierto. La verdad es que por alguna razón tengo MUCHAS ganas de estar SOLA.  

Los primeros días en Beijing estoy MUY ENOJADA con los chinos. Tan enojada que dejo de mirarlos a los ojos. No quiero ni verlos. Y me acuerdo de la chilena que conocí en Bangkok que vivía en China y estaba tan enojada con los chinos que me dijo "En China no hay NADA, nada para ver".

Los primeros días en Beijing hago un gran esfuerzo por revertirlo. Pero cada vez me cuesta más sonreírle a un chino. Creo que nunca lograré recomponer nuestra relación. Sospecho que con los soldados de terracota charlaré en otra vida...

Beijing, 27 de agosto de 2010.

1 comentario:

  1. Oh! No pasa nada, por lo menos viste unas cuantas cosas más que muchos de nosotros. ¡Qué paciencia!
    Ahora entiendo porque no me atrae mucho ir a China...

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